Érase un niño y una niña
que con besos se querían.
Él era morenito,
ella menudilla.
La niña murió.
Él lloró y lloró.
Las lágrimas le cegaban,
por su rostro no rodaban.
No veía nada,
solo cosas difuminadas.
Topó con un bordillo
para desahogar lágrimas.
Pesaba más que un grillo
menos que una lápida.
Un charquillo se formó
con lagrimas amargas.
Ciego su amor
negra su alma.
Las lágrimas le cegaban
por su rostro no rodaban.
No veía nada,
solo cosas difuminadas.
El bordillo era una vía
Amarga alegría.
Un charquillo se formó
con sangre de su corazón.
El niño murió
Ella le besó.
Albie Tripp
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